sábado, 22 de mayo de 2010

Introduccion

Desde la introducción de las distintas reformas que han sacudido en parte la historia de nuestro país, esta que se llevo a cabo en 1989, surge de la problemática a cerca de quien pueda llevar a cabo las elecciones de una forma adecuada, de esta manera surge el IFE, que es sin lugar a duda una institución que se encarga de todo el proceso electoral en todo el país ya sean nacionales, estatales o municipales. Es el organismo encargado de regir el proceso electoral con imparcialidad, eficacia y transparencia.

Antecedentes


Las elecciones federales de 1988 resultaron paradójicas: por un lado, se demostró que la pluralidad política del país no cabía bajo el formato de un solo partido político y que la competitividad se encontraba a la alta; pero por el otro, que las normas y las instituciones que regulaban y conducían los procesos electorales no eran capaces de ofrecer garantías de imparcialidad a los contendientes y los ciudadanos.

No es exagerado decir que el país vivió jornadas al borde del precipicio. Y se colocaron sobre la mesa del debate nacional diversos diagnósticos y propuestas de lo que había que hacer. En el extremo opuesto, primero en el Frente Democrático Nacional y luego en el PRD, se hablaba de una crisis tan profunda que impediría que Carlos Salinas de Gortari tomara posesión como presidente o que si lo hacía difícilmente podría durar en su cargo. Se había dado “un golpe de Estado técnico” y era necesaria “la restauración de la República”. Cierto, el agravio había sido mayúsculo. La forma en que se “contaron los votos” en aquella ocasión, sin ningún tipo de control y escrúpulo, generó un sentimiento de ofensa justificado.

Pesrpectivas partidarias ante la reforma



Algunos, una pequeña minoría, sin embargo, se creia desde el PRD que las condiciones estaban dadas para acelerar un proceso de transición democrática que modificando normas e instituciones creara las condiciones para la convivencia y la competencia de la diversidad política asentada en el país. La pluralidad no cabía ni quería hacerlo en el formato de un sistema de “partido casi único”. Y esa diversidad era la que alimentaba, reclamaba y requería de un auténtico sistema de partidos plural para expresarse y recrearse. La vuelta al pasado era una fantasía conservadora y la apuesta por el desplome institucional.

Y algo similar, pero con mayores posibilidades de hacerse realidad, empezó a emerger de las filas del PAN. Se trataba de pactar nuevas reglas del juego, inéditas condiciones de la competencia. De ir a otra reforma electoral que dejara atrás a las instituciones que habían demostrado su incapacidad para asimilar, sin retoques, la voluntad de los ciudadanos depositada en las urnas y construir un nuevo entramado capaz de ofrecer garantías de imparcialidad a las distintas fuerzas políticas del país.

El escenario estaba puesto. Actitudes y propuestas, como suele suceder, eran contradictorias. El ambiente estaba cargado de signos ominosos y las salidas debían ser construidas. Por supuesto que la inercia podía seguir gobernando pero no sin costos tan altos.

La Reforma





Años después, en 1989, tras los cuestionados comicios del año anterior (1988), se emprendió una nueva reforma a la Constitución.
Para agosto del año siguiente se expidió el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), el cual dio lugar a la creación del Instituto Federal Electoral como un organismo con personalidad jurídica y patrimonio propios, depositario de la autoridad electoral, misma que, sin embargo, estaba sujeta a los poderes Ejecutivo y Legislativo, ya que el texto constitucional de 1989 establecía que la organización de las elecciones era una función estatal a cargo de dichos poderes con la participación y corresponsabilidad de los partidos políticos y de los ciudadanos. El IFE y el Tribunal Federal Electoral fueron los frutos más visibles aunque no los únicos de aquellas innovaciones, debido a que algunos partidos apoyaron la misma para beneficios propios.