
Algunos, una pequeña minoría, sin embargo, se creia desde el PRD que las condiciones estaban dadas para acelerar un proceso de transición democrática que modificando normas e instituciones creara las condiciones para la convivencia y la competencia de la diversidad política asentada en el país. La pluralidad no cabía ni quería hacerlo en el formato de un sistema de “partido casi único”. Y esa diversidad era la que alimentaba, reclamaba y requería de un auténtico sistema de partidos plural para expresarse y recrearse. La vuelta al pasado era una fantasía conservadora y la apuesta por el desplome institucional.
Y algo similar, pero con mayores posibilidades de hacerse realidad, empezó a emerger de las filas del PAN. Se trataba de pactar nuevas reglas del juego, inéditas condiciones de la competencia. De ir a otra reforma electoral que dejara atrás a las instituciones que habían demostrado su incapacidad para asimilar, sin retoques, la voluntad de los ciudadanos depositada en las urnas y construir un nuevo entramado capaz de ofrecer garantías de imparcialidad a las distintas fuerzas políticas del país.
El escenario estaba puesto. Actitudes y propuestas, como suele suceder, eran contradictorias. El ambiente estaba cargado de signos ominosos y las salidas debían ser construidas. Por supuesto que la inercia podía seguir gobernando pero no sin costos tan altos.
Y algo similar, pero con mayores posibilidades de hacerse realidad, empezó a emerger de las filas del PAN. Se trataba de pactar nuevas reglas del juego, inéditas condiciones de la competencia. De ir a otra reforma electoral que dejara atrás a las instituciones que habían demostrado su incapacidad para asimilar, sin retoques, la voluntad de los ciudadanos depositada en las urnas y construir un nuevo entramado capaz de ofrecer garantías de imparcialidad a las distintas fuerzas políticas del país.
El escenario estaba puesto. Actitudes y propuestas, como suele suceder, eran contradictorias. El ambiente estaba cargado de signos ominosos y las salidas debían ser construidas. Por supuesto que la inercia podía seguir gobernando pero no sin costos tan altos.

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